Necesito decirte algo de corazón a corazón
Es en serio
Hay cosas que un sacerdote no suele contar. Hoy quiero contarte una.
Cada mañana, antes de que abras este correo o veas el video del Evangelio, hubo oración, preparación, grabación, edición... Hay equipo, herramientas, horas. Todo para que una palabra de Dios te llegue a ti, gratis, cada día.
Ha sido y seguirá siendo siempre gratis (cf. Mt 10,8).
Hoy, por eso, me animo a pedirte dos cosas. La primera es para todos, sin excepción. La segunda, solo para quien pueda.
Lo primero que te pido es tu oración. No es una frase bonita: es lo que de verdad sostiene esta misión. Un Avemaría tuya por mí y por esta obra vale más que cualquier cifra. Si solo puedes darme eso, ya me diste lo más grande.
Lo segundo: he abierto El Taller de los Artesanos, la familia de quienes, además de rezar, pueden sostener esta misión con una aportación mensual o anual, como quien sostiene a un misionero. No recibirás contenido exclusivo ni privilegios. Recibirás algo mejor: la certeza de que, gracias a ti, esta palabra seguirá llegando cada día a miles de personas. A la mamá que comparte el video con su hijo alejado. Al hombre de 40 años que lo ve en la noche, en silencio. A la abuela que reza con él.
Así se sostuvo la misión desde el principio: «Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres, que los ayudaban con sus bienes» (Lc 8,1-3). Jesús mismo vivió de la generosidad de corazones buenos.
Lo único que puedo darte a cambio es lo que soy: cada mes celebraré una misa por todos los que sostienen esta misión –con su oración o con sus bienes– y por sus intenciones. Es mi manera de decir gracias.
Y recuerda: si no puedes aportar, no te muevas de aquí. Tu lugar en esta comunidad no cambia en nada. El que reza ya está dentro del Taller.
¿Sientes que este espacio le ha hecho bien a tu alma? Entonces ya somos familia. Lo demás, que lo decida tu corazón.
Mil gracias y muchas bendiciones,
Padre Adolfo


