Las preguntas que nos hacen caminar
Y que tenemos que afrontar
Hay una pregunta que llevo años escuchando en confesionarios, retiros y conversaciones: «Padre, ¿por qué me da tanto miedo perder a alguien si de todas formas todos nos vamos a morir?»
Esa pregunta no busca una explicación racional. Busca algo más hondo, porque viene de un grito del corazón. Y eso es exactamente lo que distingue las preguntas que realmente importan de las que simplemente resolvemos con una búsqueda en el teléfono.
Las preguntas que vienen del fondo
Existe una diferencia enorme entre preguntar «¿en qué me conviene invertir este año?» y preguntar «¿por qué vale más un abrazo que un millón de pesos?».
Las primeras tienen respuesta más o menos rápidas. Las segundas, no del todo.
¿Por qué alguien está dispuesto a dar la vida por un desconocido? ¿Por qué la muerte nos duele aunque la sabemos inevitable? ¿Por qué, después de haber sido traicionados, seguimos anhelando a alguien en quien confiar? Estas preguntas no hablan de lo que haces, sino de lo que eres. No son preguntas sobre tu agenda, son preguntas sobre tu alma.
El filósofo Blaise Pascal lo vio con claridad hace siglos: hay en el corazón humano un vacío con forma de infinito que ninguna cosa finita puede llenar.
Somos seres en movimiento. No estamos hechos para quedarnos quietos, sino para avanzar. Y lo que nos hace caminar, muchas veces, no son las certezas sino las preguntas.
Preguntas que apuntan al cielo
Hay algo que noto cuando alguien se sienta frente a mí y me hace una de estas preguntas profundas: en sus ojos hay una mezcla de dolor y sed. En esos momentos no están buscando un argumento, sino una dirección.
Y la dirección, en última instancia, lleva a Dios.
No porque Dios sea la respuesta fácil que cierra el debate. Sino porque estas preguntas están diseñadas para llevarnos más allá. Son como flechas disparadas hacia el cielo. Y tienen ese impulso porque hacia allá nos dirigimos.
Yo he visto muchas veces cómo una persona con las preguntas correctas –las del corazón, las que duelen– termina de rodillas frente a Dios. Porque esa es la única postura que tiene sentido cuando por fin entiendes lo que estás buscando.
No temas la pregunta
Si hoy tienes una de esas preguntas que no te dejan dormir, que no se resuelven con un podcast ni con una pastilla, no la acalles. ¡Busca las respuestas! Déjala vivir. Déjala llevarte. Porque esa inquietud no es un error de tu sistema: proviene de tu corazón hecho a imagen de Dios, y que está reclamando lo que le pertenece.

