El alma te encuentra
Y entonces algo dentro de ti empieza a protestar en silencio…
Qué impresionante que muchos de nosotros podemos vivir durante años muy ocupados, pero sin pararnos un momento a escuchar lo que más nos importa.
El escritor David Brooks en su libro, La Segunda Montaña, lo expresó con una claridad incómoda: el alma es poderosa y resiliente, pero también huidiza. Puedes pasar años sin sentir la fuerza de su anhelo, disfrutando los placeres de la vida, construyendo tu carrera. Es sorprendente cuánto tiempo puedes estar tranquilo mientras tu alma anda por allí, lejos. Pero inevitablemente te encuentra.
El problema del siguiente fin de semana
No sé si has tenido temporadas en tu vida donde casi toda tu energía va hacia lo que viene después, en detrimento de lo que estás viviendo hoy.
El próximo viaje. La próxima fiesta. La próxima conquista. Vivimos en perpetua anticipación de algo que, cuando llega, dura sorprendentemente poco.
No es que hagamos cosas malas, pero cuando vivimos sólo para el futuro, la vida se reduce a ir de distracción en distracción, sin darle sentido a cada momento.
Y entonces algo dentro de ti empieza a protestar en silencio…
Hecho para más
Tu alma no se queja por capricho. Es que fue creada para algo que no cabe en un fin de semana, ni en una carrera exitosa, ni en la mejor versión de tu vida aquí abajo.
Fuimos hechos para el cielo. Para la eternidad. Todo nuestro ser, alma y cuerpo, nos grita que estamos destinados a algo mucho más grande que el próximo gran plan.
Y eso no es una condena. ¡Es la mejor noticia del mundo!
Cuando el alma te encuentra
El alma, dice Brooks, tarde o temprano te caza. No lo hace con violencia, sino con esa inquietud que aparece en los momentos de silencio, cuando la fiesta termina y la pantalla se apaga.
Esa inquietud no es el enemigo. Es una invitación.
Jesús lo dijo de otra manera, igual de directa: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?» (Mc 8,36). No lo preguntó para asustarte. Lo preguntó porque sabe lo que tú ya sientes: ese vacío que ningún logro termina de llenar.
La pregunta no es si tu alma va a “dolerte”. La pregunta es qué vas a hacer cuando lo haga.
¿Estás dispuesto a escucharla?


