Cuando perdonar parece imposible
El testimonio de una mamá que perdonó asesino de su hija
La hermana de Rani María caminó hacia la celda donde estaba el hombre que había asesinado a su hermana con 54 cuchilladas.
El asesino, Samandar Singh, esperaba el odio que merecía.
En lugar de eso, ella lo abrazó y le dijo: “Tú eres mi hermano“. Ese abrazo cambió todo.
Años después, cuando Samandar salió de prisión gracias a la intercesión de la familia de su víctima, se postró a los pies de la madre de Rani María. Ella lo levantó, le dio dos besos y le dijo con una sonrisa: “Tú eres mi hijo, me alegra que hayas venido“. Y después besó sus manos porque “sobre estas manos está la sangre de mi hija“ (Fuente: Alfa y Omega, 2018).
¿Cómo es posible esto?
Tú y yo sabemos que hay heridas que duelen tanto que el perdón parece una traición. Esa persona no merece tu perdón.Lo que te hizo fue real. El daño que causó fue devastador. Y cada fibra de tu ser grita que es justo guardar ese resentimiento.
Yo lo he visto cientos de veces en confesiones y pláticas. Personas que cargan durante años una piedra en el corazón. Una traición, una infidelidad, una palabra que destruyó, un abuso que marcó.
“Es que no puedo, padre, lo he intentado y no puedo“.
¡Y tienen razón! Con sus fuerzas, no pueden perdonar. Y eso no es debilidad, es realismo.
Pero hay algo que necesitas saber: el perdón no es un sentimiento que produces tú. Es una gracia que recibes de Dios.No es algo que haces con tus fuerzas, es algo que Dios hace en ti cuando abres tu corazón a Su misericordia.
La Cuaresma es el momento perfecto para pedirle esto a Dios. No porque tengas que perdonar ya, ahora mismo, en este instante. Sino porque estos 40 días son tu oportunidad de abrir las manos cerradas del corazón para que la gracia de Dios entre.
Jesús, clavado en la cruz, con todo derecho de maldecir a quienes lo torturaban, dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Él no estaba fingiendo. No estaba negando el dolor. Estaba dejando que el amor del Padre atravesara Su sufrimiento.
Y Él quiere hacer lo mismo contigo.
¿Perdono pero no olvido?
No te estoy pidiendo que olvides. No te estoy pidiendo que finjas que no pasó nada. No te estoy pidiendo que vuelvas a confiar en quien te traicionó.
Te estoy invitando a soltar la piedra que te está aplastando el corazón. Porque esa piedra no castiga al otro, te castiga a ti. Ese resentimiento no le quita el sueño a quien te hirió, te lo quita a ti. Esa amargura no destruye al culpable, te destruye a ti.
Perdonar no es decir “lo que hiciste está bien”. Perdonar es decir: “No voy a dejar que lo que hiciste siga destruyendo mi vida”.
El salto de fe
Durante esta Cuaresma, atrévete a pedirle a Dios algo radical: “Señor, yo no puedo perdonar. Pero Tú sí puedes. Abre mi corazón. Sana lo que está roto. Dame Tu gracia porque con la mía no alcanza“.
Y entonces espera…
Porque cuando la gracia de Dios entra en un corazón que se abre a Su misericordia, lo imposible se vuelve posible. El perdón que no podías dar brota como agua en el desierto. La paz que habías perdido regresa. Y descubres que quien más se libera cuando perdonas, eres tú.
Samandar Singh, el asesino de 54 cuchilladas, terminó asistiendo a la beatificación de su víctima. La gracia puede hacer eso. ¡Y mucho más
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